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Exclavo.

Ésta es una historia real ocurrida hace poco tiempo. Es la historia de cómo fui esclavizado por una mujer madura, de 42 años, a mis 25 años.

Trabajaba en una empresa de documentación. Facilitábamos archivose información sobre la que trabajaban empresas, revistas culturales, centros de educación, etc. Éramos su base de datos.

En mi sección habíamos varias personas, algunas más jóvenes que otras, y todas bajo la supervisión de una dura mujer, Claudia, de 42 años, alta, de rostro hermoso y muy generosas curvas que acostumbraba a mostrar con sus reducidos vestidos. Sus pechos se adivinaban anormes, sus piernas eran tremendamente sexys, y verla caminar en altos tacones a diario era delicioso.Mi relación con ella había sido siempre correcta, y nunca pensé que pudiera tener algún interés en mí que no fuera profesional. Ella mandaba y yo obedecía, como el resto de empleados.aunque sí había percibido que disfrutaba dando órdenes y viendo cómo sus empleados la obedecíamos de inmediato, conocedores de su duro carácter.

Un día terminaba la jornada a mi hora habitual. Ella siempre salía más tarde y la veía en su mesa cuando pasaba, pero aquélla vez la mesa estaba vacía, no estaba ella.

Cogí el ascensor y bajé al aparcamiento. Pronto llegúe a mi vehículo. Lo abrí y subí. Iba a cerrar cuando escuché un ruido metálico y una voz. El ruido de una pistola apuntándome y el de mi jefa hablándome:

-Dame las llaves y baja. ¡Vamos!

No entendí lo que pasaba. Pensé que era una extraña broma, inconcebible dado que apenas tenía relación con ella. Pero una bofetada, y un rápido arrebatamiento de las llaves de mi vehículo me hicieron comprender que algo pasaba.

-Haz lo que te diga o disparo. No dudes que lo haré.

Y apoyó sus palabras reventándome las 4 ruedas del vehículo.

Asustado, caminé delante de ella.

-Las manos en la nuca, me dijo. Yo obedecí.

-Abre mi coche. Túmbate boca abajo en el asiento de atrás y ponte las manos a la espalda.

Un momento después me ató las manos, subió al vehículo y arrancó.

-Te llevo a mi casa, cariño. Verás cómo te gusta.

Un rato después llegamos a su casa. Con las manos atadas subí hasta su piso, y allí comenzó la fiesta de mi jefa.

-Bien, cariño, te preguntarás qué está pasando y por qué hago esto. La respuesta es sencilla. Tu cuerpo. Lo deseo y quiero convertirte en mi esclavo. Anhelo verte de rodillas ante mí desde que te ví, y hoy lo voy a conseguir. O éso, o un balazo, dijo mientras se sentaba en una silla frente a mí, con las piernas cruzadas y después de desatarme las manos.

-No entiendo, ¿qué quieres decir? ¿qué quieres que te haga?

-Te lo repetiré. Desde este momento eres mi esclavo. Vasa hacer todo lo que te mande sin rechistar.Hace mucho tiempo que no pruebo carne joven, y tu vas a ser mi merienda. Desnúdate inmediatamente.

Entonces entendí que hablaba en serio, y que no me quedaba más remedio que obedecer. Me quité la camisa, los zapatos y los calcetines, y me bajé los pantalones. La miré avergonzado.

-El slip también, cariño. Lo quiero fuera ya mismo.

-Por favor, Claudia, me da mucha vergüenza, déjame quedármelo.

-Ama Claudia desde ahora, esclavo. ¿Está claro?

-Sí, Ama Claudia.

-Quítate el slip.

Obedecí, quedando totalmente desnudo ante ella. Estaba rojo de vergüernza.

-Así me gusta. Veo que vas entendiendo tu papel. Date la vuelta. Quiero verte el culo.

Me volví, y escuché cómo se levantaba y sus tacones se acercaban a mí. Pasó su mano por mis nalgas.

-Me encanta este culo, cariño. Realmente la carne joven está mucho más buena que la he comido últimamente. Para tí tal vez soy una mujer madura, pero para mí eres un bombón apetitoso y te voy a usar a mi antojo. Si no te gusta te jodes. ¿Está claro, niñato?

-Sí, Ama Claudia. Haré lo que me diga.

-Bien. Estaba pensando que prefiero que te dirijas a mí de vos. Es más respetuoso. Hazlo.

-Como vos ordenéis, Ama Claudia.

-Muy bien. Si eres obediente, no dispararé. Pero si desobedeces te llevarás un recuerdo de mi pistola. Ahora date la vuelta.

Me giré y quedé ante ella.

-Arrodíllate ante mí, a mis pies.

Me postré de rodillas ante ella. La humillación era tremenda.

-H esperado mucho este momento. Tenerte totalmente desnudo y arrodillado ante mí. No veas cuánto estoy disfrutando. Ahora, esclavo, muerde el tacón de mi zapato, tira y descálzame, y luego haz lo mismo con el otro.

Hice lo que me mandaba, sumisamente.

-Ahora cariño me vas a besar, lamer y chupar los pies, te guste o no. Saboréalos, ¡jaja!

Saqué mi lengua y empecé a chupar sus pies. Comencé por meterme el dedo gordo y luego los demas, después lami toda la planta y el talón y luego lo cubrí de besos. Hice lo mismo con el otro. Me tuvo de rodillas adorando sus pies dos horas.

-Bien. Ahora, vas a seguir dedicándote a mis pies, pero no necesitarás las manos, así que ponlas a la espalda. Te los voy a atar.

Se fue un momento y regresó enseguida, trayendo un pequeño bote en la mano.

-Esto es pintura de uñas. Me vas a pintar las uñas de los pies con el pincel en la boca. Si te sales de la uña, te azotaré en los huevos con todas mis fuerzas. Abre la boca y muerde el pincel.

Se sentó en la silla ante mí, extendiendo su pie para que comenzara. Tardé 20 minutos en pintar las uñas de los dos pies. En todo ese rato ella no dijo nada. Cuando terminé, se lo comuniqué.

-Ama Claudia, he terminado de pintaros las uñas de los pies cumpliendo vuestras órdenes.

-¿Ah, sí, esclavito? Veamos lo que has hecho. Mmm, no está mal. No está nada mal. Pero podría estar mejor. Ponte en pie y separa las piernas.

Esperando lo peor, obedecí.Y lo peor lego. Me dio una patada fortísima en los testículos que me hizo caer atrás y desmayarme del dolor.

Cuando desperté, la situación había cambiado. Seguía totalmente desnudo, pero ahora estaba atado a una cama. Dos esposas me ataban las muñecas a los barrotes, dejándomelos en cruz, mientras que mis pies estaban atados con cuerdas a los otros extremos de la cama.En cada pezón tenía puesta una pinza metálica, y había velas encendidas junto a mí que imaginé que serían para ser vertidas sobre mi cuerpo por mi jefa.

Ella estaba junto a mí. Se había cambiado de ropa, quitándose el vestido y quedándose en lencería, un conjunto negro muy sexy que dejaba ver su estupendo cuerpo, llevaba una fusta en la mano.

-Bien, cariño, ya que te has despertado, es hora de seguir. Mientras estabas durmiendo te he preparado para el placer. El placer que me vas a dar. Pero veo que tu mirada no se aparta de mi pecho. ¿Acaso quieres verme las tetas, esclavo?

-Haré lo que me ordenéis, Ama Claudia, os suplico piedad.

-Tranquilo, cariño, me siento generosa. Me quitaré el sujetador para tí.

Sus tetas, grandes, redondas y duras, eran preciosas y tremendamente apetitosas. Deseaba chuparlas.

-Te voy a hacer un regalito, esclavo.

Se puso sobre mí y acercó sus tetas a mi boca.

-Chupa, perrito, chúpame las tetas.

Sus tetas llenaron mi boca. Eran deliciosas.

-Suficiente. Es hora de seguir con la fiesta. Y me dio un bofetón y un azote en lso huevos.

-A partir de hora, cariño, repetiremos la sesión a diario. Eres mi esclavo de por vida y harás todos los días lo que me de la gana. En mi presencia estrás siempre totalmente desnudo y de rodillas, lamerás mis pies cada vez que te postres ante mí y te usaré de juguetelas 24 horás. Ahora me vas a dar placer, dijo mientras me vendaba los ojos.

Y así ha sido. Mediante amenazas de perjudicarme en el trabajo, me ha convertido en su esclavo.Y, gracias a ello, he aprendido que, en realidad, todos somos esclavos de las mujeres, y nuestra obligación es postrarnos a sus pies y obedecerlas, y claro, si es en temas sexuales mejor.

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